El
día consume su luz sobre mis preguntas.
¿Dónde
está ese cuerpo inclinado?
¿Quién
se moja con la humedad de tus labios?
Hoy
la piel y sus instintos quieren ver la nostalgia de aquellos errores.
¡Escuchas! Alguien llama…Se oye una voz, el niño está llorando y no es el
único.
Del
otro lado del mar alguien te reclama, busca de entre los muertos la vida que
arrancaste.
Camina solo por la ciudad congelada. Es
un camaleón que el color
ha
olvidado.
Ya
paró de llorar?...Sí. Tu seno lo durmió. Pero esa mirada confundida
deambula
en el desierto verde.
Las
lentejuelas ya no brillan, irradian un destello miserable. Te sientes perdida,
como
un perro huérfano. Escarbas en el pasado la sonrisa que dejaste escapar.
¿Te
acordarás de él? Aquel esclavo fascinado
en las texturas de tu alma que
te
arrancaba gemidos en el espacio justo de formar un cuerpo híbrido.
¿Quisieras
saber si conservará aquellas palabras que escribiste sobre ese papel
maltrecho?
Aún
me parece verlos juntos, caminando por la polvorienta calle. Ignorantes
fichas
en el juego del destino. Pero…ya nada es igual. Esta vez, resignada;
acaricias
tus párpados secos y una nueva sangre.
No
debes cerrar los ojos. ¡El niño tiene hambre!
Abrázalo.
Muy
pronto; te podrá decir… mamá.
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