Arrastro mis visiones sobre un espacio imperfecto.
Un mosaico de sombras cubre el camino.
Extraña condición ver a través de los cuerpos,
la sangre sin la hipócrita piel alterada
por colores desvanecidos en el polvo,
filosas navajas que cerraron otra herida,
aromas de pétalos estériles.
La erosionada Venus con su cántaro enmohecido
derrama sueños rotos en las esquinas.
Giran sobre el círculo de alquitrán
risueños bípedos vorazmente carnívoros.
El ritual de la cacería urbana ha empezado.
Afuera la eclosión es inevitable.
Las paredes de los capullos se cubren con zumbidos.
Un éxodo somnoliento avanza a la reclusión,
llevan sanguijuelas adheridas en su pellejo,
siguen la señal…a la Campana del Sur.
Humo vital que aceleras nuestra primitiva existencia,
tu libélula se dibuja en el cielo.
Un rebaño arrastra su caparazón de acero.
Sobre las piedras rugen las trompetas
al pestañeo rítmico de tres párpados.
Atrás, al final de la torre cíclope
la miseria humana se mezcla con la ansiedad .
Esqueletos noctámbulos devoran tortuosamente
el encuentro con sus almas desertoras.
¡Desilusión… rasgas la vida escupiendo tu realidad!
Bajo las plataformas de concreto y piojos.
Pisando el arco iris, centinela del látex,
ángeles condenados consumen su propio aliento.
Esperanzas pálidas que copulan dentro del plástico.
El abecedario se olvidó de ellos.
Las luces de neón calientan las vísceras.
Un carnavalesco desfile de huellas zigzagueantes
navegan el caudal de lascivos instintos.
Otra noche para amarte empañando los cristales,
el tiempo justo para inyectar psicodelia a mi cabeza.
Sufro el arrullo de tus brazos
con ese cuerpo cuadriculado en lágrimas,
savia que se escurre por la imaginaria cúpula
en donde la inocencia se arrastra en las veredas.
Famélicos espectros arrancados de la tierra.
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